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“ Es que quiero sacar de ti
tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo”
Pedro Salinas |
fotLa fotografía de bodas implica muchos riesgos, entre ellos el convencionalismo (al moverte dentro de unos parámetros generalmente muy preestablecidos por la tradición y por la formalidad del rito matrimonial) y la cursilería. Algo parecido ocurre con la poesía amorosa, un tema cargado de tópicos dulzones.
fotNo obstante ha habido poetas, y Pedro Salinas es quizás el ejemplo más significativo de la poesía española del siglo XX, que han tratado el tema del amor aportando nuevos matices sin caer en dichos tópicos. Pocas veces se ha ahondado con tanta sutileza en las experiencias amorosas, saltando de las puras anécdotas a la quintaesencia del amor. Entendía la poesía como un modo de penetrar en lo más profundo de la realidad, en su esencia, convirtiendo la vida en literatura, la anécdota en escena cortada por la intención estética. Y afirmaba: “Estimo en la poesía, sobre todo la autenticidad. Luego, la belleza. Después, el ingenio”. Y así se ha destacado también por la crítica:
- en primer lugar su autenticidad, pues se ha dicho que en su poesía se da un profundo equilibrio humano en el que se hermanan la mente, la sensibilidad y el corazón.
- En segundo lugar una belleza sencilla, utilizando un lenguaje aparentemente espontáneo, pero de una gran perfección artística; un lenguaje estéticamente depurado de excesos verbales, de elementos decorativos y retóricos, pero en todo caso dentro de unos versos rigurosamente trabajados en los que las palabras se sitúan con meditada exactitud, cargadas de sentido.
- Y en tercer lugar, el ingenio agudo, que se manifiesta en una densidad conceptual que, en modo alguno ahoga la cálida emoción de unos versos que persiguen ahondar en los sentimientos, en lo vivido, para descubrir lo que hay más allá de las anécdotas, los aspectos más profundos de las apariencias de la realidad (recurriendo a paradojas, sutiles juegos de palabras, observaciones insólitas, etc).
fotPor ello, aunque sea casual, y salvando las distancias, me considero muy cercano a esa manera de sentir de Pedro Salinas aunque utilicemos lenguajes distintos.
- En primer lugar porque valoro la autenticidad del reportaje fotográfico y entiendo que no se debe intervenir dirigiendo a los protagonistas, sino limitarse a mirar, a estar atento y a captar los mejores momentos y los sentimientos de las personas.
- En segundo lugar porque intento mirar siempre a favor, destacando, con los elementos del lenguaje fotográfico (la luz, el color, la composición, el punto de vista, la oportunidad...), toda la belleza de las personas y de su entorno, intentando conseguir imágenes de elegancia estética pero sin recurrir a filtros o artificios, ni en la toma fotográfica, ni posteriormente en el proceso de retoque de las imágenes (aunque sí trabajando rigurosamente en el ordenador cada foto, tanto en la mejora de su composición, depurándola de lo que sobra, como optimizándola técnicamente).
- Y en tercer lugar, agudizando el ingenio para no caer en las repeticiones de siempre, y para conseguir imágenes que requieran una lectura detenida, potenciando su valor emotivo, e intentando contar lo que las palabras no pueden expresar.
fotLa vida pasa, la fotografía queda... reviviendo a través de quien la mira... O como decía Pedro Salinas “cuando una poesía está escrita se termina, pero no acaba; empieza, busca otra en sí misma, en el lector, en el silencio...”. |