|
“Fotografiar es poner en
una misma línea de mira
la cabeza, el ojo y el corazón”
Henri Cartier-Bresson
“¡Qué gozo, que no sean nunca iguales
las cosas que son las mismas!
¡Toda, toda la vida es única”
Pedro Salinas |
--Tradicionalmente la fotografía de bodas ha estado muy desprestigiada, considerándose, incluso entre los mismos fotógrafos, como un género menor, o para muchos como un mero trabajo alimenticio. Ello ha hecho que los mejores fotógrafos se dediquen a otras especialidades, dejando esta tarea para los que no tienen otro tipo de trabajo, o incluso para meros colaboradores que ni siquiera son fotógrafos profesionales (y esto ha sido una de las causas del bajo nivel de calidad). No obstante, considero que este tipo de fotografía, como cualquier cosa, no depende del tema sino de la forma de enfrentarse a él, y si se hace con pasión, es un género con muchas posibilidades y del que se puede disfrutar mucho.
-- Sin embargo, no por eso deja de ser un tema difícil:
- Frente a la fotografía de moda en que se trabaja con modelos y todo se planifica, aquí se trata con personas no acostumbradas a la cámara, y donde todo pasa muy rápido.
- Frente al fotoperiodismo donde habitualmente se trabaja con temas ya de por sí excepcionales, y donde para cubrir la información basta con una o dos fotografías si es para la prensa diaria o con unas diez si es para un reportaje de una revista, aquí hay que entregar alrededor de cien fotografías, realizadas en un periodo de unas ocho horas.
- Frente a otro tipo de reportaje más profundo, como la edición de un libro, donde sí se incluye ese alto número de fotos, y donde se espera el tiempo que sea preciso a que haya la luz adecuada y se pueden elegir libremente los lugares y días donde realizarlas, aquí se trabaja en fecha inamovible, en entornos casi siempre cerrados (casas, iglesias, hoteles...), cuando no de noche o con lluvia....
--- Además, el mero rito matrimonial ya de por si es estándar y por definición siempre igual. A ello se le une un cierto halo de cursilería que parece que por tradición deben tener las celebraciones de los ritos amorosos; y este estilo se ve recargado en muchas ocasiones por la propia estética personal de muchos fotógrafos, carentes de otro tipo de recursos artísticos. Cuando además se convierte para éstos en un trabajo rutinario de todos los fines de semana, comienzan las repeticiones y se cae en el convencionalismo.
-- ---Frente a esa forma tradicional de hacer las fotografías de bodas se puede actuar de otra manera (no hablaré de buen o mal gusto porque el gusto no deja de ser algo subjetivo, y es respetable el de cada uno). En mi caso parto de la base de que es un día especial para una pareja, al que generalmente se ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo económico cuidando muchos detalles, en el que se ve rodeada de familiares y amigos a los que nunca más van a volver a reunirlos juntos en un mismo día. Por ello intento pasar lo más desapercibido posible, diciéndoles a los novios que se limiten a disfrutar al máximo con sus invitados, encargándome yo de mirar, siempre a favor, todo lo que ellos no pueden ver (bien por los nervios de ese día, preocupados porque todo salga como quieren, bien por el hecho de atender a tanta gente, o bien simplemente porque utilizo un instrumento, la cámara, que es más rápida que el ojo humano, ya que es capaz de detener para siempre toda la información de una décima de segundo). Requiere además estar muy atento y concentrado en todo lo que pasa, ya que siempre ocurren varias cosas a la vez (los novios cada uno por su lado, los niños, los padres y hermanos...) y no queda más remedio que estar eligiendo constantemente el lugar que por experiencia e intuición piensas que va a ser el mejor.
|
 |
Pero es que lo verdaderamente complicado es contar una historia. Fotografiar es escribir con la luz y con los elementos que el lenguaje fotográfico te permite (la luz –y la sombra, que es la fuerza de la luz-, el color, la composición, el punto de vista, los primeros planos, los planos generales..). Tienes que conseguir transmitir algo más que meras reproducciones de la realidad. La técnica fotográfica es muy sencilla, pero eso no quiere decir que sea fácil. También escribir con palabras es fácil, pero aunque dos personas tengan que contar una misma historia, nunca elegirán las mismas palabras ni las mismas frases, y no digamos la estructura de la narración. Lo que diferencia cualquier tipo de obra artística de una que no lo es, es que la primera transmite algo, comunica, aunque igual no se sepa lo que es. Son los matices los que marcan esa diferencia. Y es la suma de esas pequeñas diferencias lo que marca la gran diferencia entre un trabajo y otro. Por eso un buen fotógrafo de reportaje no se limita a darle al botón en los momento más "importantes" (entrada en la iglesia, anillos, salida...) sino que está siempre atento, mirando con otros ojos, procurando situarse en el lugar adecuado para captar justo la expresión correcta, la emoción, la armonía de movimientos, explorando la composición desde nuevos ángulos, con el fin de obtener siempre fotos con personalidad, que reflejen asimismo la de los protagonistas y la de todo lo que rodea a ese día. Para el que sabe mirar, cada escena te brinda la emoción de elegir, y nunca hay excusas para no hacer buenas fotos.
Del fotógrafo Cartier-Bresson, considerado el padre del fotorreportaje moderno, y al que personalmente tanto admiro, se decía que reunía las características de un buen bailarín, por la elegancia de sus movimientos para moverse entre la gente y colocarse discretamente en el lugar adecuado, por su agilidad de reflejos para disparar en el momento justo y captar el “instante decisivo” (ese momento en el tiempo en que se produce la magia, porque se unen el rigor de la composición, las luces o las sombras adecuadas, o en el que los personajes se sitúan con ritmo, gracia o equilibrio dentro del encuadre). Disfrutaba con el chispazo visual, reía con las coincidencias, pero siempre valorando por encima de todo la autenticidad, sin intervenir en las escenas que se producían ante él, intentando concentrar en un disparo todos los sentidos para captar los latidos del corazón. Era capaz de hacer interesante cualquier momento cotidiano, por insignificante que pareciera. Y ese estilo limpio y aparentemente sencillo encierra los complejos secretos del arte de la comunicación.
-----Por ello, como él, apuesto por una fotografía de reportaje pura, auténtica, sin necesidad de montajes o posados que interrumpan la emoción del momento; sin filtros y luces artificiales en la toma, y sin trucos o efectos en el posterior tratamiento digital de las imágenes (que generalmente se utilizan como recursos para intentar salvar una mala foto, pero que rara vez lo consiguen, y de los que además muy pronto te cansas). Entiendo que la diferencia entre una buena y una mala foto está en que la buena permanece en la memoria, no te cansa, y te invita a recrearte en ella, a revivirla...Pero sin olvidar siempre que estás realizando un trabajo de encargo, en el que no vas a lucirte como fotógrafo, sino a sacar lo que ves lo mejor posible, porque de lo que hagas ese día dependerá en gran parte el recuerdo que para esa pareja vaya a perdurar en su memoria.

|